[Crónica] Escolta atenta entre Manlleu i Roda de Ter

Crónica Iago Giné

Sábado 22 de noviembre de 2014.

Un día en el que se presentaban muchas actividades interesantes que realizar. Pero una salida acústica (o Listening Tour) convocado por Byron Abadia y Pedro Montesinos no tiene igual; y menos, si la salida es a Manlleu, con la posibilidad de airear no sólo el sentido del oído, sino también los otros, de las distintas contaminaciones extremas urbanas de Barcelona.

Para ello me levanto temprano y, luego de prepararme, me encamino a Sants Estació, donde cogeré el tren. Y puesto que no siempre tendré disponible la grabadora en un lugar así, con la atronadora atmósfera de sonidos ferroviarios y humanos de un lugar tan apto para la gran potencia de los efectos acústicos típicos de los grandes espacios cerrados (o semi-cerrados), decidí probar la primera grabación del día, durante los 20 minutos previos a que llegara el tren para Manlleu.

Llegada a Manlleu. Veo que en la otra punta del tren se baja Pedro. Pronto reconozco también a Byron. Buenas nuevas: hay dos nuevos compañeros -respecto al WLDB14- de caminata acústica, Quim y Gerard. Y también vendrá Marc. Cabe notar que se echa en falta la presencia femenina, más todavía sabiendo lo que nos podría aportar alguien como Eloisa Matheu. Pero bueno, tiempo hay para ir creciendo y difundiendo.

Una vez preparados tras una charla previa, damos los primeros pasos y nos sumergimos en un ambiente sonoro en el que por un lado emerge con fuerza el ruído generado por la industria próxima, pero por otro, si nos acercamos podemos percibir la música acuática de los arroyos que fluyen entorno al camino que recorremos. También se van dando ideas de posibles grabaciones que en esta ocasión la falta de tiempo no permitirá. Llegamos a un gran parque verde al lado del río, al fondo del cual hay unas rampas con un skater haciendo los saltos y acrobacias habituales, con lo que domina el ambiente sonoro del lugar. Divididos según nuestros intereses, yo me centro en hacer una grabación de este ambiente desde una cierta distancia, donde podría considerarse el centro del parque.
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Un poco después hay un circuito para coches teledirigidos, que generan un ruído más peculiar de lo que podría parecer “a primera escucha”.
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Una vez nos reunimos todos de nuevo, continuamos avanzando por el camino lateral al río Ter, a la vez que comentamos los distintos sonidos percibidos, como el ruído blanco del agua que baja con fuerza e irregular en distintos puntos del río o los sonidos producidos por los distintos tipos de aves entorno al mismo.

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A lo largo de esta primera parte del recorrido también se puede oír el continuo paso de una avioneta sobre nosotros. Nos paramos en la orilla del río; probamos las grabadoras y micrófonos. Yo grabo con el hidrófono de Byron. Escuchamos; comentamos las pruebas y resultados y continuamos la caminata, disfrutando de la compañía, del agradable día y de la enriquecedora experiencia.

Tras alejarnos momentáneamente del río para poder avanzar por la carretera, regresamos justo al final del primer giro a su derecha, donde encontramos un lugar óptimo para escuchar con gran nitidez los sonidos de la naturaleza. Allí me detengo a grabar durante un rato. La alta fidelidad del paisaje sonoro en ese punto tiene como efecto secundario que se oiga demasiado en las grabaciones la manipulación de la grabadora así como su ruído interno. Después de varios intentos y de grabar el goteo en el interior de una construcción que había en ese lugar, me pongo en marcha para alcanzar de nuevo al resto del grupo.
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Seguimos avanzando por la ribera del Ter hasta que llegamos a una orilla ideal para grabar el sonido del agua, tanto desde su exterior, como con hidrófonos. Acerco la grabadora al agua y permito que registre el sonido durante un rato. Allí se instala también Marc con su micrófono.
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Luego continúo el camino hasta unirme de nuevo al resto del grupo. Llegamos a un punto en el que parece que no se puede continuar. Además se hace tarde. Damos media vuelta. Vuelvo a grabar en el mismo lugar donde paré por última vez, pero en esta ocasión con el hidrófono de Byron.
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Después de un rato parados continuamos el regreso. Hacemos una nueva pequeña pausa para escuchar -y en algunos casos grabar- unos impresionantes mugidos de vacas y las campanas que llevan, situadas al otro lado del río. No nos detenemos mucho rato porque hay un amago de lluvia. Emprendemos definitivamente la marcha. Todavía hemos de comer, y Pedro y yo hemos de coger el tren.

Entre tanto, comentarios sobre la experiencia de este día y sobre el futuro. Nuevas ideas y propuestas, acerca de lugares, grabaciones y organización. Y hasta la próxima, uno se queda con buenas expectativas e interés y mejor escucha.

 

Crónica Pedro Montesinos

 

El sábado 22 de noviembre nos juntamos un grupo de amigos para practicar la escucha y la grabación de los sonidos del entorno. El lugar escogido era Manlleu, un entorno rural aunque con una notable tradición industrial, y la ruta elegida nos conduciría, atravesando el núcleo urbano, junto al río, por el camino conocido como “Vora Ter”.

Tras casi hora y media en el tren que va a Puigcerdà (desde Hospitalet de Llobregat), bajé en la estación de Manlleu envuelto en una niebla que empezaba a levantar. El cielo, además, estaba cubierto pero la ausencia casi total de viento hacía que la sensación de frío no fuese severa. Allí nos encontramos Quim, Iago, Marc, Byron, Jerard y yo mismo, dispuestos a explorar y a grabar en el entorno de este municipio de la plana de Vic.

Un primer intercambio de impresiones sobre las aproximaciones desde las que cada uno se aproxima al tema, de las diferentes posibilidades y perspectivas de la escucha y grabación del entorno sonoro (desde la composición de paisaje sonoro de Hildegard Westerkampf a la  escucha intuitiva y libre de John Cage), así como los usos que se le pueden dar a estos materiales, centraron los primeros minutos del encuentro. Un repaso rápido al equipo: grabador, micros, antivientos, soportes o las diferentes configuraciones existentes fue ayudándonos a entrar en materia. Al final quedó claro que desde el grabador de mano hasta los equipos y técnicas más sofisticadas son una herramienta, y no tanto un fin en sí mismo, y que cada uno escoge en función de la disponibilidad, los conocimiento y los objetivos que persigue (más fácil de comentar que de dominar).

Finalmente nos pusimos en marcha en dirección al camino de Vora Ter, que pasa cerca de la estación. Por allí pudimos tomar contacto con el zumbido de una instalación industrial próxima a la estación y con el rumor que produce el constante fluir del río…

Avanzando por el camino, parcialmente cubierto de las hojas secas que dejan caer los árboles, pudimos comprobar la tranquilidad que se respiraba en la zona, distante de la carretera y dedicada a la actividades al aire libre, como el skate board, el footing, el radiocontrol de coches en miniatura, el fútbol… A paso lento fuimos avanzando, dispersos.

Paramos unos instante un mirador que da al río para grabar el rumor, que casi alcanza el nivel de ruido blanco (con todas las frecuencias del espectro audible) y que enmascara casi cualquier otro sonido.

También en el embarcadero paramos un buen rato para probar los hidrófonos y comentar las impresiones, dificultades y posibilidades de estos sistemas de captación …

Seguimos nuestro recorrido por el paseo, frente al Museo Industrial del Ter, hasta llegar a un punto en el que hay que rodear una empresa papelera y ascender una pequeña colina, Tras cruzar una zona con varias casas unifamiliares, atravesamos un parque infantil antes de volver al camino Vora Ter.

Allí el paisaje sonoro era bien diferente: más alejados del río por la altura, frente al municipio… En aquella zona, el silencio era más profundo, incluso cuando nos adentramos por el camino cruzamos por un rincón envuelto por la vegetación en el que la caída de una hoja se convertía en un acontecimiento fácilmente perceptible… Desde lo alto  se escuchaban los rumores de los coches, alguna moto, las vocalizaciones y llamadas de diferentes aves… y el campanario.

Seguimos caminando en dirección a Roda de Ter pero el tiempo se nos echaba encima y decidimos dar la vuelta. Era ya buena hora y todos coincidimos en volver hacia Manlleu. De camino nos llamaron la atención los mugidos de unas vacas que parecían volver al establo después de una mañana al aire libre. La lluvia, fina pero poco recomendable para los micrófonos, nos impidió disfrutar de aquel paisaje.

Por suerte, no se cogió con fuerza, así que pudimos regresar sin mojarnos hacia Manlleu, donde nos esperaba un bocadillo de butifarra y una cerveza artesana, que fueron el colofón a la jornada. Para algunos de nosotros faltaba el viaje en tren, de vuelta a Barcelona.

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Esta entrada fue publicada en 22 enero, 2015 por en Sin categoría, wld y etiquetada con , , , , , .
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