[Crónica] Un paseo por el pantano de Vallvidrera

WLDBcn14_Invierno

Crónica de Iago Giné

El sábado 14 de febrero quedamos para el tercer paseo acústico tras el World Listening Day y el paseo por la ribera del Ter entre Manlleu y Roda de Ter. Es el correspondiente al invierno, cuando el frío más duro de las semanas atrás ya ha pasado.

A las 9 de la mañana nos encontramos en la entrada a los Ferrocarrils de la Generalitat en Pl. Catalunya Pedro y yo. Me informa que Byron y Marc no pueden venir por trabajos de última hora. Después de esperar un rato por si se incorporaba alguien a última hora, mientras oíamos de fondo un grupo de caminantes que parecía dirigirse al mismo destino y demás sonidos propios del lugar, cogemos el tren hasta Baixador de Vallvidrera, donde volvemos a esperar hasta las 10, de nuevo por si se presentaba alguna de las personas que había mostrado interés. Parece ser que tendremos que hacer salidas más frecuentemente y variar algo más el día de la semana. Incluso, yo propongo hacer una muy matinal o nocturna para el verano, inspirado por este vídeo.

Solos y preparados nos ponemos en marcha siguiendo la guía que llevaba Pedro y algunas de las señalizaciones que había por el lugar. Por el Camí del Pantà llegamos al Camí del Cama Sec, donde tras confirmarnos una vecina del lugar que seguíamos la ruta correcta Pedro encuentra un lugar en el que instalar su micrófono durante un rato, en la salida de una antigua mina. En mi caso, decido buscar en los alrededores, situándome primero en un lado del camino y después en el otro, en ambos casos en posiciones elevadas, procurando captar un espacio sonoro amplio.

Aquí podremos escuchar los distintos paseantes del lugar, las bicicletas que llevaban algunos, las aves cercanas y algunos motores, pertenecientes a motosierras, diferentes vehículos e incluso un avión.

Escucha las grabaciones y sigue leyedo aquí.

* * *

Crónica de Pedro Montesinos

El pasado sábado 24 de febrero realizamos una nueva salida en el marco del WLDBcn a Vallvidrera, una zona semi-urbanizada, en el sureste del Parc Natural de Collserola. Únicamente Iago y yo mismo nos encontramos en Plaza Cataluña para, tras una breve espera (por si acaso), subir en los Ferrocarrils de la Generalitat hasta la parada Baixador de Vallvidrera. Al bajar nos encontramos una mañana nublada, no demasiado fría y, una vez fuera de la estación, esperamos unos minutos antes de ponernos en marcha hacia el Pantà de Vallvidrera.

Ninguno conocía la zona por lo que tuvimos que asegurarnos de ir por buen camino, cosa que nos confirmó una vecina que limpiaba un coche a la puerta de una casa. Unos metros más allá concluía el asfalto e iniciamos el camino por la pista. A poco metros encontramos una entrada de una antigua mina ya cerrada. La primera impresión fue de adentrarnos en un área boscosa y húmeda desde la que se escuchaban diferentes aves más o menos lejanas, ladridos de perros, paseantes, ciclistas, un avión…

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Siguiendo el camino, encontramos las escaleras que conducen directamente al pantano, al que llegamos poco después. Los sonidos de las voces de algunos vecinos que viven en las casas que hay en un lado del pantano, se mezclaban con las conversaciones de algunos paseantes, algunos pájaros… En medio de nuestra escucha vino a saludarnos un discreto petirrojo que sin demasiada prudencia parecía curiosear nuestra conversación desde una rama a un metro escaso de nosotros.

Rodeando el pantano, tomamos un camino que nos pareció interesante porque discurría entre árboles, hacia una zona un poco más elevada. A los poco más de 15 minutos de camino encontramos un comedero de aves y una explanada despejada de árboles. Allí pudimos escuchar y grabar más voces alejadas, el paso de algún coche, más cantos de pájaros, algún avión o una máquina trabajando. Todos los sonidos eran bastante distantes por lo que en general se respiraba un ambiente bastante relajado y silencioso…

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A pocos metros pasaba un camino, al que subimos para andar, en dirección oeste. Serpenteamos por la ladera de la montaña, no siempre por el camino marcado, tratando de identificar sonidos, comentando impresiones, posibilidades… En una zona boscosa más o menos accesible nos instalamos para hacer una grabación desde aquel punto. Estaba cubierto y, entre las ramas y las hojas de los árboles que en ocasiones se movían ligeramente, se colaba algún rumor, el tren, los golpes insistentes sobre madera de alguna persona trabajando, pájaros…


Al finalizar esa grabación decidimos ir volviéndonos, no sin antes hacer un pequeño experimento (que todavía no sabemos si funciona). Nos colocamos cada uno a un lado del camino por el que pasaron varios ciclistas, algunos en pequeños grupos. Era en un tramo de subida suave, con un pequeño repecho cerca de donde nos situamos. Desde esa posición pudimos grabar alguna conversación, el paso de las bicis y los cambios de marchas (que no siempre funcionaron del todo bien).


Con el material en la grabadoras y envueltos en especulaciones de posibles formas de plantear su presentación para la escucha, entre otros temas, fuimos deshaciendo el camino andado para volver al pantano.

Cuando llegamos había más gente tanto en el camino como en el propio pantano. Incluso un grupo considerable de niños y niñas de unos 8 o 10 años estaban de excursión en el pantano y tras organizarse bajaron a la zona de recreo, en la que hay mesas para comer, dejando un rastro de algarabía y bullicio poco estridente aunque constante. Otros visitantes del pantano alcanzaron su objetivo mientras unos cinco o seis patos bastante, silenciosos, nadaban de un lado a otro persiguiéndose y acechándose entre ellos… ahora a un lado, ahora al otro; unas veces agrupados otras dispersos.


Con la sensación de haber concluido el paseo nos dirigimos, nuevamente por las escaleras, hacia la estación. Sin embargo, al volver a la zona de casas en la que la carretera está cementada nos encontramos con un jabalí que, herido en una pata, parecía buscar ayuda. No sin cierta prudencia nos acercamos al animal que ni rehuía, ni resultaba amenazador; para continuar nuestro camino. Intenté grabar los gruñidos que, sin demasiada fuerza, nos ofreció el jabalí, pero no activé la grabación, aunque sí la escucha, por lo que los gruñidos de aquel animal salvaje acostumbrado a las personas se quedarán en mi atropellada memoria.

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Esta entrada fue publicada en 27 marzo, 2015 por en wld y etiquetada con , , , , .
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