Iago WLDBCN 2014

El 18 de julio de 1933 nacía R. Murray Schafer y es debido a su papel en la reivindicación y estudio de los “paisajes sonoros” por lo que cada 18 de julio se celebra el día mundial de la escucha.

Ayer lo he vivido en Barcelona, gracias a Pedro Montesinos y Byron Abadía -quienes organizaron la actividad correspondiente-, y por ello quiero reflexionar un poco.

La primera pregunta que surge es qué es para mí la escucha. Si la percepción del sonido por el sentido del oído no es más que un conjunto de procesos químicos, biológicos y neurológicos, el escuchar no me parece tanto el concentrarse en los sonidos -que también- como el tomar consciencia de la percepción auditiva en el mismo momento.

Y de algún modo esta toma de consciencia tiene una implicación emocional, porque esta consciencia del sentido del oído no es otra cosa que sentir y por tanto tener un sentimiento concreto. Así, poniendo tanto del oído como de la vista, y no menos del tacto o los otros sentidos, las percepciones por los distintos sentidos se entremezclan, creando un flujo de sensaciones corporales que enriquece la percepción de partida, además de tener un componente relajante.

Por otra parte, decía que no creo que la escucha pueda entenderse como un concentrarse en los sonidos, aunque en buena medida sí lo sea. Esta concentración en los sonidos percibidos es más bien una desconcentración, si entendemos la concentración como una actividad mental interior que intenta cerrarse y huír de lo exterior, mientras la escucha busca percibir, recoger lo exterior, abrirse.

Evidentemente, la escucha no “recibe” un mono o un stereo, sino algo así como una esfera de sonidos que rodean la cabeza (o incluso mejor, el cuerpo) del oyente. Y ésta es una esfera dinámica en tanto que la escucha es activa, trasladándose de manera continua de un sonido a otro, de un lugar a otro. De esta forma, otorgándole dimensiones en el espacio y en el tiempo, el/la perceptor/a se crea el paisaje sonoro en torno a él/ella, que por lo demás puede permanecer estático.

Este dinamismo de la escucha está sometido a un dinamismo externo, el del ambiente, el de los sonidos cambiantes, que aparecen y desaparecen y en general sufren todo tipo de variaciones o procesos que influyen en su percepción.Si además, el oyente decide moverse, y, todavía más, cambiar de lugar, nuevas dinámicas entran en juego, como por ejemplo los cambios producidos al trasladarse entre espacios sonoros muy contratantes. En tercer lugar se produce un fenómeno de interpretación o subjetivización. Las emociones generadas por la escucha y las percepciones complementarias activan memoria y conocimientos del oyente, que interpreta lo que percibe desde un punto de vista determinado y, en general, único.

En resumen, rehaciendo la pregunta engendradora del texto como qué entiendo yo por paisaje sonoro, respondo, según lo que experimenté ayer, que lo veo como una reconstrucción interna o subjetiva y dinámica del ambiente sonoro percibido.

 

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